Un contenedor marítimo vacío contiene entre 2 y 4 litros de agua en condiciones normales. Al cargarlo con mercancías, a menudo se añaden unos 15 litros más o incluso más.
Si no tiene cuidado, pueden añadirse accidentalmente otros 50 litros (o mucho más) a través del material de embalaje y de un suelo del contenedor mojado. Si a este cóctel le suma varios litros más debidos a la respiración del contenedor (habitual en contenedores en mal estado), tiene un problema.
Este problema es frecuente y se debe al escaso conocimiento sobre la humedad en los procesos de embalaje y carga. Todo se reduce a la ironía de que es usted mismo quien añade el agua que dañará sus mercancías.
Por eso es difícil responder a la pregunta habitual «¿Cuántos desecantes necesito?». Depende de lo bien que consiga eliminar el exceso de humedad y mantener bajo control el proceso de carga. De forma constante.
Estos son ejemplos de problemas que cuestan mucho dinero, aunque son fáciles de solucionar si se dispone de los conocimientos necesarios. Con un enfoque proactivo frente a los daños por humedad, puede identificar varios más y acabar con ellos.
Las ventajas, además del ahorro económico, son que se convierte en un socio más fiable para sus clientes.
También obtiene un mayor control de sus envíos, lo que le da una ventaja competitiva. Si a eso le suma una menor huella ambiental, la decisión es obvia, ¿no?